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Informe

Luces en el cielo y una colección única: así comenzó el Museo del Ovni

Una experiencia en la Patagonia llevó a Silvia Simondini a crear un espacio único en el país, que hoy reúne investigaciones, piezas en análisis y congresos internacionales sobre el fenómeno extraterrestre.

En una casa que ya no es del todo casa, sino algo más cercano a un punto de encuentro entre la curiosidad y lo inexplicable, nació uno de los espacios más singulares del país: el Museo del OVNI de Victoria. Detrás de ese proyecto está Silvia Simondini, fundadora de Visión Ovni, quien convirtió una experiencia personal en una vida dedicada a investigar y divulgar el fenómeno. Mientras en Entre Ríos crece desde hace años el interés por los avistamientos y las historias vinculadas a objetos voladores no identificados, en Estados Unidos el tema volvió a ocupar la escena pública tras la desclasificación de archivos oficiales, con fotos, videos y documentos que el gobierno norteamericano comenzó a publicar de manera abierta.

Lo que hoy funciona como museo, en realidad, empezó de forma mucho más modesta. “No fue un museo al principio”, cuenta Simondini en exclusiva con Boing. Era apenas un pequeño salón armado con fotografías, recortes e información internacional y nacional para quienes se acercaban con preguntas. Un espacio casi íntimo, pensado para curiosos. Hasta que un día, la mirada externa cambió todo.

El periodista Martín Jauregui visitó el lugar y lanzó una frase que marcaría un antes y un después: “Esto no es un salón de información, esto es un museo”. Desde entonces, el crecimiento fue tan inesperado como constante. “Empezó a venir tanta gente que tuve que tirar paredes de mi casa”, recuerda. Habitaciones, escritorio, parte del jardín: todo fue cediendo para darle lugar a un fenómeno que ya no era solo el de los objetos en el cielo, sino el del interés de la gente en entenderlos.

Pero la historia no empieza ahí. El origen de todo se remonta a una noche en la Patagonia. El 18 de agosto de 1968, en Caleta Olivia, Simondini vivió una experiencia que, según describe, cambió su vida para siempre. Un objeto de gran tamaño se mantuvo suspendido sobre su casa y, desde él, se desprendieron cinco objetos más pequeños. No fue un hecho aislado ni íntimo: “Lo vio media Caleta Olivia”, afirma.

Ese episodio no solo dejó una marca emocional, sino también una necesidad. “No es lo mismo que te lo cuenten o leerlo. Vivirlo es completamente diferente”, dice. A partir de ahí, la inquietud por informar y compartir lo vivido se volvió una constante, aunque durante años quedó en pausa por la vida cotidiana: familia, hijos, responsabilidades.

El punto de inflexión llegó tiempo después, cuando leyó en un diario sobre fenómenos similares en Victoria. Fue, según describe, una especie de llamado. Viajó ese mismo fin de semana y tomó una decisión, quedarse. “No me voy a ir de este mundo sin formar mi equipo de investigación científica sobre el fenómeno OVNI”, les dijo a sus hijos.

Así nació el proyecto que con el tiempo se transformaría en Visión Ovni, una red que hoy cuenta con corresponsales en todo el país y vínculos internacionales. Lo que empezó con un grupo reducido —“tres gatos locos”, como ella misma lo define— terminó consolidándose con años de trabajo independiente, sin financiamiento externo y sostenido únicamente por el esfuerzo propio.

Ese crecimiento también permitió dar un paso más. La organización de congresos internacionales. Entre el 15 y el 17 de mayo se realizará en Victoria la décima edición, con la participación de investigadores de distintos países. Entre ellos estará Antonio Caravaca, una de las figuras destacadas del ámbito, cuya presencia refleja el alcance que logró el evento.

El encuentro no se plantea como una exhibición audiovisual, sino como un espacio de intercambio directo con especialistas. “No mostramos videos, mostramos gente real”, resume Simondini. Quienes quieran información pueden acceder a través del correo museodelovni@gmail.com, donde se detallan las actividades y el programa completo.

Mientras tanto, el museo sigue funcionando como el corazón del proyecto. La entrada es simbólica, pensada más como un aporte mínimo que como un costo real, y la propuesta incluye recorridos guiados con base en investigaciones de campo. Allí se exhiben desde fotografías hasta elementos recolectados en distintos puntos del país.

Uno de los aspectos que más destaca Simondini es el carácter científico que busca darle al espacio. Algunos de los materiales, asegura, están siendo analizados por especialistas internacionales como Garry Nolan y Jacques Vallée, lo que refuerza —al menos desde su perspectiva— la singularidad de las piezas exhibidas.

Más allá de las discusiones que el tema genera, hay algo que atraviesa toda la historia, que es la persistencia. Una mujer que, a partir de una experiencia personal, decidió construir un camino propio, incluso cuando no había certezas ni reconocimiento.

Hoy, ese recorrido se traduce en un museo que ya quedó chico, en congresos que convocan a especialistas de distintas partes del mundo y en una comunidad que sigue creciendo. Pero, sobre todo, en una pregunta que sigue abierta y que, para Simondini, sigue siendo el motor de todo. El fin es entender aquello que alguna vez vio en el cielo y que nunca pudo, ni quiso, olvidar.

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