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Para el ex ministro de Ciencia Lino Barañao: “Es más fácil publicar un paper en una startup que en Conicet”

El ex ministro de Ciencia y Tecnología que permaneció en el cargo durante los gobiernos de Cristina Kirchner y Mauricio Macri y hoy es vicerrector de CyT de la Universidad Maimónides, Lino Barañao, aseguró que “un chico que recién se recibió de la carrera científica prefiere entrar a una startup y no al Conicet”.

Con el expertise de más de 10 años al frente de las políticas de ciencia y tecnología en un lado y otro de la “grieta”, indicó que la decisión se debería a que “va a tener más fondos para hacer investigación que los que tiene en el sistema público”.

En declaraciones a la revista Panamá, señaló que “hoy las startups cuentan con u$s 250.000 de base para empezar el capital semilla”, mientras que “los subsidios de la agencia son u$s 5.000 por año para un grupo”.

Y agregó que “es más fácil que publiques un paper en una startup que en un laboratorio del Conicet. Y además, establecer una empresa te suma un área de placer más. Todo el mundo hace investigación por el placer de entender, por la curiosidad y por sentirse alabado por sus colegas”.

Puso como ejemplo que cuando creó la incubadora de empresas en Exactas, “contra la opinión de los profesores y los estudiantes, que en ese momento eran maoístas”, era acusado de mercantilizar la ciencia y privatizar el conocimiento público.

“Finalmente la logré hacer y meses más tarde hablé con el embajador de China. Yo le decía: ´mire embajador lo que piensan los chinos de mi facultad, los maoístas´, y me contestaba: ´Dígale a esos chicos que vengan a hablar conmigo. En China, si un estudiante o un profesor encuentran algo valioso, tienen la obligación moral de crear una empresa al servicio de su pueblo´. Por eso, el 75% de los graduados en las universidades chinas quiere crear una empresa y solamente un 15% quiere ser empleado público”.

Conicet

El ex funcionario abordó el tema del Conicet y reveló, entre otras cuestiones, el déficit de evaluar patentes y que sólo cuentan papers.

En ese sentido, llamó la atención sobre “si un becario se pasa cuatro años haciendo algo que finalmente es una patente, y en ese tiempo no puede publicar nada, corre serio riesgo de quedarse fuera de la carrera”.

Recomendó para los casos en que la gente tiene una orientación más tecnológica que haya un jurado distinto, “eso es algo que el Conicet se resistió a hacer, porque en el ADN original no estaba el tema de la aplicabilidad y del patentamiento”.

Aunque aclaró que ahora, con el auge de las startups, “que necesitas tener una patente para que alguien te financie un proyecto, eso también está cambiando. Agregaron al formulario patentes. Hay un puntaje que van a recibir por ese lado. Y la otra cuestión es empezar a reorientar un poquito la formación de recursos humanos hacia cosas más aplicadas”.

Rescató la calidad de la ciencia en el país y recordó a “los padres fundadores: Bernardo Houssay en fisiología y Luis Leloir en bioquímica. Yo soy nieto científico de Houssay. Mi director de tesis fue discípulo de él. Leloir era un tipo muy introvertido, prácticamente no salía del laboratorio, muy tímido. Y Houssay era un tipo muy activo y muy convencido de la importancia de las instituciones. Por eso creó el Conicet, la Asociación para el Progreso de la Ciencia, la Asociación de Ciencia y Tecnología. Creía que lo que perduraban eran las instituciones. Eso dio lugar a que se extendiera a todos los medios científicos. Y eso después se transmite a la posibilidad de crear una industria”.

Escenario adverso

Barañao salió a la palestra casi a continuación del editorial que publicó la prestigiosa revista Science, donde se incluyó a la Argentina con Siria, Turquía, Etiopía, Irán, Afganistán y Ucrania, entre los países que expulsan científicos “por guerra, represión política, crisis climática o falta de oportunidades para investigar”.

El escenario en nuestro país muestra una drástica reducción salarial, disminución de becas de doctorado y posdoctorado, devastadora subejecución del presupuesto para ciencia y tecnología, parálisis de la Agencia I+D+i e incumplimiento de los pagos correspondientes a Proyectos de Investigación Científica y Tecnológica (PICT) ya concursados.

Y simultáneamente el desinterés creciente de los jóvenes en el ingreso a la carrera de investigador científico del Conicet: ya el año pasado se presentaron alrededor de 1950 aspirantes, y este año, unos 1360, un 30% menos.

Entre las 27 disciplinas en las que tienen las salidas alternativas más claras (como biomedicina, informática o veterinaria), en el ámbito privado o en otros países, ese descenso se acentúa.

Barañao pone énfasis en que la demanda de las sociedades más desarrolladas es a que el graduado genere un puesto de trabajo digno para los que no pudieron ir a la universidad.

“Esta responsabilidad ética del graduado universitario, de la universidad pública, de ver cómo genera empleo para otros, no está en el discurso -apuntó-. Se dice que la universidad trabaja para el beneficio de la sociedad, que es un significante vacío”.

Agroindustria

En cuanto a la Argentina, identifica la generación de empleo y divisas en la agroindustria.

“De hecho, yo siempre quise hacer algo competitivo en alimentos. La tecnología de alimentos es el 5% de las investigaciones, pero es el área que más se destaca en competitividad a nivel mundial, más que la física, más que la biología molecular”, sostuvo.

Pero subrayó una paradoja: “Tenemos un INVAP que fabrica rectores nucleares y satélites, tenemos una Fundación de Nanotecnología, tenemos una Cámara de Biotecnología, tenemos un Instituto de Medicina, pero no tenemos un INVAP de los alimentos. Y Argentina vive de la producción de alimentos”.

Dijo haber hallado un centro, que es una organización civil sin fines de lucro, llamado CIATI, el Centro de Investigación y Asistencia a la Industria, creado por los productores de frutas de Río Negro.

Se trata del instituto con mayor densidad de equipamiento del país: tiene 15 millones de dólares en equipamiento, lo más sofisticado. Controla calidad de los alimentos que se exportan.

Necesitan usar el último equipamiento por las barreras paraarancelarias que existen y que pueden rechazar los productos.

“Lo que estamos haciendo es crear un nuevo animal en el ecosistema, que es una catalizadora de cadenas globales de valor en el área de alimentos. Va a estar constituida por este centro y va a incorporar una interface internacional, que es una asociación de ex ejecutivos de empresas alimentarias, que se llama Bebord Foods. Ellos son los que saben qué es lo que el mundo está necesitando, son los que pueden hablar con los gerentes actuales de las grandes compañías de alimentos”, informó.

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