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Mundial 2026
29 DE JUNIO

A cuarenta años del día en el que Maradona supo cuánto pesaba la Copa Mundial

Un 29 de junio de 1986, la selección conseguía en el Azteca su segunda estrella. Unos años más tarde, en la misma fecha, Messi jugaba por primera vez para la Argentina.

Hoy se cumple un nuevo aniversario de la final que ganó la selección en México. Y este nuevo cumpleaños de la vuelta en el Azteca llega en pleno fervor mundialista, con la Scaloneta preparando el compromiso del viernes con Cabo Verde en Miami y la expectativa de seguir adelante en un mundial que tiene a la Argentina como uno de los principales candidatos al título. Hoy, el sueño de la cuarta estrella está en marcha y parece natural que en el mundo se usen los colores de nuestra camiseta, pero esa gloria tiene una historia. Y un capítulo importante se escribió en 1986, hace justo cuarenta años.

Cuatro décadas ya pasaron de aquel domingo 29 de junio en el que Diego supo cuánto pesaba una Copa del Mundo. Pasó en el ya mítico estadio Azteca, el mismo que había visto consagrarse a Pelé el mundial del ’70, que en ese 1986 había vuelto a recibir un mundial: ahí mismo, una semana antes de la vuelta olímpica argentina, unas 115 mil personas habían visto parir la “Mano de Dios” y el mejor gol de la historia del fútbol, con esa apilada épica de Maradona ante los ingleses cuando todavía estaba fresco el recuerdo de la Guerra de Malvinas.

En nuestro país, todavía se estaba consolidando la recuperación democrática. Y apenas terminada la final ese domingo, las calles se llenaban de gente con cornetas y banderas. No había celulares para registrar lo que pasó, ni cámaras de video. Al otro día, cuando el plantel llegaba a la Argentina, Maradona, Burruchaga, Valdano, Brown y el resto del equipo irían con la Copa a saludar a la gente en los balcones de la Casa Rosada, ante una Plaza de Mayo colmada. Alguno seguramente habrá llevado un cartel pidiéndole perdón a Bilardo, para disculparse con el técnico al que casi todos habían querido echar antes del  mundial. 

Levantaban la Copa en los balcones de la Casa Rosada, ante una Plaza de Mayo colmada. Y entre esas miles de banderas celestes y blancas, seguramente alguna habrá dicho “Perdón Bilardo”, para disculparse con el técnico al que casi todos habían querido echar antes del  mundial. 

Esa misma selección que ahora traía el título, se había establecido en tierra mexicana antes que el resto de los equipos. Y cuando se fueron ubicando en la concentración del América, en México DF, Bilardo había dicho: “Somos los primeros en llegar y vamos a ser los últimos en irnos”. 

Entre esas miles de banderas celestes y blancas, seguramente alguna habrá dicho “Perdón Bilardo”, para disculparse con el técnico al que casi todos habían querido echar antes del  mundial.

A la eliminatoria se la había pasado con lo justo, después de un sufrido 2 a 2 en cancha de River con Perú. Si perdíamos ese partido, nos quedábamos afuera, pero casi sobre el final una guapeada de Pasarella había terminado con un tiro en el palo, que terminó empujando Gareca. 

Para Pasarella, que había sido campeón del mundo en esa misma cancha en el ‘78, no habría gratitud: en México, el “Narigón” Bilardo le iba a dar la capitanía a Maradona, que ya brillaba en el Nápoli, pero venía de fracasar en el Mundial de España 1982. 

En ese primer semestre del ‘86, después de una preparación especial con un grupo de jugadores en Tilcara para poder jugar en la altura mexicana, el ciclo de Bilardo iba a quedar pendiendo de un hilo: derrota con Francia por 2 a 0, otro partido perdido con Noruega en Oslo -por entonces una selección europea de tercer nivel- y la decisión del DT de no jugar más partidos con selecciones hasta llegar a México. Así, los últimos amistosos iban a ser con clubes y con un débil combinado de Israel en Tel Aviv. 

No pudieron tumbar a Bilardo

Con un rendimiento de la selección que dejaba mucho que desear, el diario Clarín intentó tumbar a Bilardo. En los canales de televisión, también se pedía la cabeza del “Narigón”, que iba en persona a pelearse con los hinchas a los programas futboleros. Inclusive en aquellos días se dijo siempre que el propio presidente Raúl Alfonsín había sugerido a Julio Grondona un cambio de DT. 

El reemplazo no se dio y la selección capitaneada por Maradona fue haciendo su camino en el mundial, de menor a mayor: primero fue Corea y 3 a 1 en el debut; después llegaría el empate con Italia en la segunda fecha y esa pirueta cósmica de Diego para el 1 a 1; más tarde el 2 a 0 con Bulgaria, para pasar  a octavos de final. 

En el primero de los mata-mata tocó Uruguay, clásico sudamericano histórico que merecimos ganar por mucho pero que terminamos definiendo con gol de Pasculli, de rebote. En ese partido, Diego diría que “jugó el mejor” de todos los suyos en el torneo, para pasar a cuartos. A los pocos días venía el cruce con Inglaterra, en una tarde que terminaría siendo mítica: la “Mano de Dios” primero y la apilada histórica un rato después, dibujando el mejor gol de la historia de los mundiales. Tres días más tarde tocaban semifinales con Bélgica y con otros dos goles de Maradona, la Argentina pasaba a la final. 

El cruce con Inglaterra, el gol de la “Mano de Dios” y la apilada histórica del segundo, para dibujar el mejor gol de la historia de los mundiales. A semifinales con Bélgica, otros dos goles de Maradona en el Azteca y pase a la final. 

Ese día, el domingo 29 de junio del ’86, del otro lado iba a estar la Alemania de Rumennige, Mathaus y Schumacher, una selección que venía de ser subcampeona del mundo en el ‘82. Bajo el sol abrasador del Distrito Federal -los partidos se jugaban al mediodía- la selección iba a abrir el marcador con un cabezazo de José Luis Brown, a los 23 del primer tiempo. El “Tata”, que se había formado en Estudiantes como Bilardo, jugó esa final con un brazo roto y con un cabestrillo armado con un agujero en su propia camiseta, algo impensado para los tiempos que corren.

Después Valdano iba a estirar la ventaja en el segundo tiempo. Y con el 2 a 0, cuando la Copa ya parecía encaminada, vinieron esos diez minutos fatídicos con dos goles de cabeza dentro del área de Pumpido y llegaría el empate alemán, de la mano de Rummenigge y de Völler.

Pero a cinco minutos del final, cuando parecía que se iba a ir al alargue, Maradona recibió la pelota en el círculo central y filtró un pase magistral para Jorge Burruchaga. El delantero de Independiente corrió varios metros perseguido por la defensa alemana y definió cruzado ante Schumacher para sellar el histórico 3 a 2.

29 de junio: otro dato que cruza a Messi con Maradona

La coincidencia de las fechas agrega además un dato tan curioso como simbólico. Este 29 de junio también se cumple un nuevo aniversario de la primera vez que Lionel Messi vistió la camiseta de una selección argentina. Fue en 2004, en un amistoso de la Sub 20 frente a Paraguay disputado en el estadio de Argentinos Juniors, la cancha en la que había debutado y brillado Diego desde muy joven.

Se escribieron ya mil historias sobre esa convocatoria de urgencia para “blindar” a Messi, que en el fax enviado por la AFA al Barcelona era nombrado como “Mecci”. El periodista Ariel Senosiain, uno de los que mejor reconstruyó la previa de ese día, escribió que un tal “Jorge” (se supone que era el papá de Leo) había acercado al un VHS al hotel en el que estaba concentrada en 2002 la selección de Bielsa, meses después del mundial de Japón y Corea.

Por entonces a las juveniles argentinas las dirigía Hugo Tocalli, que no estaba convencido de citar al pibe que aparecía haciendo goles en ese videocassete. Después aparecerían la insistencia de un empleado de la AFA, la presencia de los Messi padre e hijo en un partido del Leganés para hablar con Pekerman y hasta una guía telefónica de Rosario en la que alguien buscó en letra “M” cómo contactar a la familia de ese chico que la rompía en las inferiores del Barcelona. Para ese tiempo, la camada de jugadores españoles que iba a terminar siendo campeona del mundo en 2010 todavía no había explotado. Y Cesc Fábregas, amigo de Messi en La Masía, hacía fuerza para que el rosarino defendiera los colores de España.

La familia, Leo y la AFA, quisieron otra cosa. Y así se armó ese partido en La Paternal que “blindó” a Messi. Fue 8 a 0, con transmisión de TyC Sports que vio muy poca gente.. Leo, que había conocido a sus compañeros cuatro días antes, iba a entrar en el segundo tiempo para hacer un par de gambetas que ya llaamaron la atención y meter el séptimo gol de una goleada por 8 a 0.

Así se armó ese partido en La Paternal que “blindó” a Messi. Fue 8 a 0, con transmisión de TyC Sports que vio muy poca gente.. Leo, que había conocido a sus compañeros cuatro días antes, iba a entrar en el segundo tiempo para hacer un par de gambetas que ya llaamaron la atención y meter el séptimo gol de una goleada por 8 a 0.

En las tribunas no había más de 500 personas. Y nadie podía imaginar entonces todo lo que pasaría después con ese adolescente que recién había cumplido 17 años, que de ahí en más iba a escribir las páginas más gloriosas de la selección y del fútbol mundial, superando todos los récords. 

Un año después, Messi iba a ser protagonista del equipo campeón del mundial sub 20 dirigido por Tocalli, torneo al que -creáse o no- había llegado como suplente de Vitti. Y en 2006, Messi iba a jugar sus primeros minutos en un mundial de mayores, dirigido por Pekerman. Ahí iba a marcar su primer gol, contra Serbia y Montenegro.

En 2010, Leo iba a tener a Maradona como técnico en el mundial de Sudáfrica. En aquel torneo no pudo hacer ningún gol, pero la leyenda dirá que además de coincidir en tiempo y espacio, ese pibe rosarino que ya la rompía en Barcelona y en la Champions iba a aprender a patear tiros libres. “Se quedaba después de las prácticas y Diego le explicaba cómo pegarle sin saacarle el pie a la pelota”, contaría después Fernando Signorini, integrante de aquel cuerpo técnico y respetuoso contador de anécdotas maradonianas.

Unos años después, en 2020, Maradona moría en plena pandemia. En Argentina se hacía un velatorio masivo en Casa Rosada y el mundo del fútbol lo iba a recordar en todas las canchas. Barcelona jugaba ese fin de semana de visitante con Osasuna. Iba a terminar en goleada, pero Messi no había podido convertir ninguno de los primeros tres goles. Cuando llegó el cuarto, suyo, levantó los brazos al cielo y se sacó la camiseta: debajo tenía una de Newell’s con el 10 atrás, la misma que había usado Diego en el 93.

 

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