
El juicio en Rosario por el crimen de Ivana Garcilazo llega a su fin. El próximo lunes se conocerá el veredicto del Tribunal integrado por los jueces Natalia Benvenuto, Jorge Rodríguez y Nicolás Vico Gimena. Y este miércoles se produjeron los alegatos de clausura de Fiscalía, la querella y las defensas. Por el hecho, que juzga la muerte de una joven hincha de Rosario Central tras ser apedreada el 30 de septiembre de 2023 cuando volvía en moto junto a su novio del Gigante de Arroyito de ver el clásico entre su equipo y Newell’s, se acusó a tres hombres: Damián Reifenstuel, Ariel Cabrera y Juan José Mazzón.
Según la evidencia que pudieron recolectar los funcionarios del MPA, estaban apostados en la esquina de Montevideo y Ovidio Lagos a pocos metros del Parque Independencia, cuando pasaron Garcilazo y su pareja, a los que les tiraron baldozas que recogieron de la vereda. Y una de ellas causó el impacto mortal. La Fiscalía pidió 30 años de prisión para los tres acusados y la querella sostuvo que deben quedar cumplir una condena de 33 años, con una calificación legal de homicidio con coautoría funcional agravado por haber sido cometido en el ámbito de un espectáculo deportivo. Para las defensas, la pena que eventualmente correspondería sería mucho menor (de 2 a 6 años) porque entienden que se trató de un homicidio en contexto de agresión. Inclusive, cada uno de los abogados pidió la absolución de sus defendidos, buscando que la culpabilidad recaiga en otro de los acusados.
La Fiscalía pidió 30 años de prisión para los tres acusados y la querella sostuvo que deben quedar cumplir una condena de 33 años, con una calificación legal de homicidio con coautoría funcional agravado por haber sido cometido en el ámbito de un espectáculo deportivo.
La figura de Damián Reifenstuel fue la más conocida mediáticamente durante la investigación. En primera instancia, cuando a la instrucción de la causa la llevaba el fiscal Gastón Ávila, resultó clave el testimonio de un taxista que estaba apostado en la esquina donde se produjo el hecho, esperando el verde del semáforo. Él fue quien llamó al 911 minutos después, diciendo que tenía identificados a los agresores y “que eran tres”. Días después, aportó más datos a la justicia. En aquel momento, cuando aún no había ningún detenido y el MPA dio a conocer la identidad de los dos que el conductor había reconocido viendo cámaras de seguridad, se reveló que Cabrera y Reifenstuel eran sospechosos. El primero de ellos, se entregó a la justicia con un nuevo corte y el pelo teñido; el otro -que se había ausentado de su trabajo en una escuela tras la muerte de Ivana- se ausentó para siempre de su casa en Pérez, que resultó saqueada.
Este miércoles, los dos abogados que defienden a Reifenstuel basaron su alegato en lo que pasó en esos primeros días de octubre de 2023: “Este Tribunal tiene una tarea particularmente difícil: sustraerse al clima de época, al ruido exterior, a tres años de exposición pública y a la necesidad social de encontrar una respuesta, para juzgar exclusivamente aquello que la prueba demostró dentro de esta sala”, sostuvieron Bárbara Reynoso y Pablo Bedouret.
En el primer día del juicio, hace poco más de dos semanas, Reifenstuel sostuvo que el atacante había sido su amigo Ariel Cabrera. Según la versión de sus abogados, él solamente había tirado una piedra hacia una camioneta pero sin impactarla
El taxista y la hipótesis del hombre de rojo
Uno de los ejes del alegato de Reynoso y Beoduret estuvo dirigido al testimonio de Luis Rodrigo Aguirre, el taxista que presenció parte de la secuencia y que siguió a Reifenstuel después del ataque. Según reconstruyeron, cuando esperaba el verde del semáforo ubicado sobre Montevideo, vio a tres hombres y movimientos de lanzamiento de objetos. Después, cuando avanzó pudo ver a Ivana ya caída y dio la vuelta para buscar a quienes se habían alejado de la escena. Pero de los tres -según los abogados- “eligió seguir al hombre vestido de rojo, a quien increpó con la frase ‘ponete contento, la mataste'”.
Para la defensa, ese episodio marcó el inicio de una investigación que quedó concentrada en Reifenstuel antes de que se estableciera con precisión qué había hecho cada uno de los involucrados. “Aguirre dejó de ser solamente un testigo y empezó a construir una explicación sobre lo que había pasado”, afirmaron.
La foto de Reifenstuel hablando con el taxista que se publicó en los medios en esos días de octubre influyó sobre la sensación de que él era el principal responsable
Para los abogados de Reifenstuel, la foto suya hablando con el taxista que se publicó en los medios en esos días de octubre influyó sobre la sensación de que él era el principal responsable. “Hubo una exposición mediática desproporcionada de nuestro defendido, su rostro quedó asociado públicamente con el homicidio y casi que fue condenado antes de la realización del juicio”.
Cabe recordar -aunque los letrados no hicieron hincapié en esto- que Reifenstuel estuvo prófugo desde el primer momento: se ausentó al trabajo en la escuela en la que era docente, excusándose en una supuesta enfermedad, después fue a San Nicolás a ver a una familiar suya abogada y luego se escapó del país con un remise que lo llevó a Salta, desde donde cruzó la frontera.
Ya en Bolivia, asumió una identidad falsa y empezó a dar clases de historia con el nombre de un supuesto profesor uruguayo. Recién quedó detenido cuando lo pudo capturar Interpol y tras meses de búsqueda con carteles en toda la Argentina, más un ofrecimiento de recompensa del gobierno de Santa Fe y del Ministerio de Seguridad de Nación, que eran reforzados por la insistente búsqueda de la familia de Ivana. Desde Rosario Central, además, se replicaba el pedido de justicia en muchos de los partidos que jugaba el club de local.

Cuestionaron a Fiscalía
Reynoso y Bedouret también dijeron que el lugar no fue cuidó de inmediato por la policía y que muchas de las personas que aparecían en las imágenes no fueron identificadas, ni convocadas a declarar. Uno de los oficiales que declaró en el juicio “admitió que transcurrieron 30 minutos hasta que se preservó la escena y que la circulación por Lagos continuó”.
Para los abogados, esas omisiones impidieron reunir información independiente que pudiera confirmar o descartar las hipótesis sobre quién arrojó el proyectil mortal. “Ese es el problema: no se agotaron todas las líneas posibles. Se siguió una, la creada por el taxista Aguirre”, sostuvieron.
Reforzando la línea argumentativa que sostuvo la defensa durante todo el juicio, los abogados de Reifenstuel apuntaron a Cabrera. Por eso hoy hicieron foco en los testigos que dicen haber escuchado a Ariel Cabrera minutos después del crimen atribuirse a sí mismo el golpe contra la víctima poco después del hecho: dos hermanas, una de ellas la pareja de Damián, contaron en las audiencias que lo habían encontrado en la zona de los juegos del Parque Independencia gritando “Maté a una Sina”.
Hicieron foco en los testigos que dicen haber escuchado a Ariel Cabrera minutos después del crimen atribuirse a sí mismo el golpe contra la víctima poco después del hecho: “Maté a una Sina”
Sergio Larrubia, abogado de Cabrera, fue quien leyó el alegato inmediatamente después. Y se diferenció de lo dicho por la defensa de Reifenstuel: inclusive su defendido había tomado la palabra ayer, para decir que lejos de la responsabilidad que varios testigos le habían asignado, él se había acercado a Ivana para ayudar y que había intentado reanimarla mediante un RCP.
Silvina Garcilazo, hermana de la víctima y una de las caras visibles del reclamo de justicia desde el primer día, manifestó su bronca con estos dichos: “Las cosas que hay que escuchar”, publicó en su cuenta de Instagram.
Los testimonios del juicio
En esa jornada del juicio, había resultado impactante la declaración de la novia de Reifenstuel, que contó lo primero que le había dicho a Cabrera tras encontrarse con él minutos después de la derrota de Newell’s contra Central: “¿Vamos a tirar piedras por Pellegrini?”, lo invitó.
En este sentido, también le asignaron relevancia al relato de Élida Guzmán, una amiga de Cabrera desde hacía más de 20 años, quien habría confirmado que lo escuchó decir: “Nos peleamos, tiramos piedras, le rompí la cabeza a un Sina”.
El planteo central del alegato -aquí coincidieron las defensas, como era esperable- fue rechazar la figura de la coautoría funcional que sostiene la acusación. Para Reynoso y Bedouret, la Fiscalía no puede responsabilizar por igual a los tres hombres por el resultado mortal sin demostrar que existió un acuerdo común, una distribución de funciones y una contribución de cada acusado que le otorgara dominio sobre la ejecución del hecho. Por eso pidieron para Reifenstuel la absolución, o a lo sumo la responsabilidad en un homicidio en contexto de agresión que tiene una condena muy inferior a los 30 años que pide el MPA.
Además, sostuvieron sobre el agravamiento de la condena que se pide por aplica la conocida como Ley De la Rúa, que prevé penas para los delitos en el marco de espectáculos deportivos y fue sancionada durante los años ’80. “El Derecho Penal exige precisión. El artículo 1 de esa ley agrava los hechos ocurridos durante el ‘traslado de las parcialidades’. Pretender estirar ese concepto colectivo para abarcar el viaje de Ivana a su casa, importa una interpretación extensiva de una norma penal en perjuicio del acusado”.
En este punto, a diferencia de lo que sostiene la defensa, vale la pena recordar que el violento hecho se produjo después de un clásico entre Newell’s y Central. Y por todo lo que se conoció durante la investigación en estos tres años y por lo que se escuchó de los testigos durante el juicio, no hubiese existido agresión si a la víctima no la hubiesen identificada como simpatizante canalla.


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