
Atlanta fue testigo de una verdadera obra teatral con todos los condimentos posibles: suspenso, agonía, un poco de frustración y, como no podía ser de otra manera, la redención absoluta del mejor jugador de todos los tiempos. La victoria de Argentina por 3 a 2 ante Egipto no solo selló el pasaje a los cuartos de final del Mundial 2026, sino que nos dejó una radiografía perfecta del carácter inagotable de Lionel Andrés Messi.
Cuando a los 21 minutos de la primera parte Mostafa Shobeir le adivinó la intención y le ahogó el grito de penal, los detractores de siempre afilaron los cuchillos. La estadística fría, esa que a veces carece de contexto, indicará que el capitán firmó un récord negativo: se convirtió en el primer futbolista en la historia de los Mundiales en fallar dos penales en una misma edición.
Pero lo que los números no pueden medir es la rebeldía. Donde cualquier otro jugador se habría derrumbado anímicamente ante la presión y el posterior 0-2 en contra, el rosarino sacó a relucir su gen más competitivo. Lejos de esconderse, pidió la pelota, se hizo cargo de un equipo que parecía contra las cuerdas y transformó la frustración en combustible puro.
Los números de una tarde para la eternidad
El segundo tiempo de Messi fue una exhibición de jerarquía que sirvió para reescribir los libros de historia del fútbol mundial. El 10 no solo fue el arquitecto táctico de la remontada, sino que pulverizó marcas que parecían inalcanzables:
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El dueño del pase mágico: A los 79 minutos, frotó la lámpara con un centro quirúrgico a la cabeza del “Cuti” Romero para iniciar la épica. Con esa asistencia, superó a Diego Armando Maradona y se erigió como el máximo asistidor de todos los tiempos en la historia de las Copas del Mundo.
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La cima es suya: Su inatajable zurdazo a los 83′ para el empate transitorio significó su octavo grito en este certamen. Así, rompió el triple empate que arrastraba con Kylian Mbappé y Erling Haaland para quedar como único líder en la carrera por la Bota de Oro.
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Un olimpo intocable: Con esta conquista, alcanzó la monstruosa cifra de 21 goles en la historia de los Mundiales, estirando su ventaja absoluta en lo más alto de la tabla de artilleros históricos.
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El rey del “Mata-Mata”: Extendió su racha a 9 partidos consecutivos anotando en la competencia (una seguidilla inédita que arrastra desde Catar 2022) y encadenó su sexto encuentro seguido de eliminación directa inflando la red.
Más humano, más líder, más Messi
Bancar a Messi en las buenas siempre es fácil, pero el verdadero mérito está en entender la dimensión anímica de lo que hizo hoy. Fallar desde los doce pasos en octavos de final y terminar siendo la figura determinante para dar vuelta una historia que parecía juzgada es una demostración de fortaleza mental que trasciende al deporte.
Nos malacostumbró tanto a la perfección a lo largo de su carrera que, a veces, el mundo olvida que también es humano. Pero es precisamente en esa humanidad, en el error y en la asombrosa capacidad de levantarse para romperle el arco al arquero rival en el momento de mayor tensión, donde radica su verdadera grandeza.
Egipto lo puso a prueba y los fantasmas sobrevolaron el campo de juego, pero el capitán respondió como lo hace siempre: jugando, asistiendo, goleando y demostrando que, a sus 39 años, sigue siendo el dueño indiscutido de este deporte. Que pasen los cuartos de final; hay líder para rato.
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