
En la antesala de una de las semifinales más esperadas del Mundial 2026, donde este miércoles 15 de julio Argentina e Inglaterra volverán a enfrentarse en una cancha de fútbol, el profesor Aldo Fantín llevó a los oyentes de Río 96.9 por un recorrido histórico que ayudó a comprender por qué este duelo trasciende lo deportivo para millones de argentinos.
Con su habitual espacio “Río de Historias”, Fantín eligió abordar las Invasiones Inglesas de 1806 y 1807, una decisión que nació de la búsqueda de poner en clima la previa del encuentro mundialista.
Sin embargo, antes de comenzar con la clase, el historiador hizo una aclaración que marcó el tono de toda la charla. “Lo del miércoles es solo un partido”, sostuvo, aunque reconoció que existe una carga histórica y emocional imposible de ignorar. En ese sentido, advirtió sobre el riesgo de confundir los planos y remarcó que la Guerra de Malvinas y el reclamo de soberanía argentino siguen siendo una cuestión vigente que debe mantenerse presente desde la memoria y la educación, sin trasladar ese conflicto al terreno deportivo.
El contexto de las Invasiones Inglesas
Fantín explicó que las invasiones se produjeron en un escenario internacional muy particular. Mientras España atravesaba una profunda crisis por el avance de Napoleón y tenía enormes dificultades para defender sus colonias americanas, Gran Bretaña vio la oportunidad de expandir su influencia sobre el Río de la Plata.
Desde Ciudad del Cabo partió la expedición británica que, en junio de 1806, desembarcó en la zona de Quilmes bajo el mando de William Beresford con aproximadamente 1.200 soldados y una pequeña flota. La resistencia inicial fue prácticamente inexistente.
Según relató el profesor, el entonces virrey Rafael de Sobremonte abandonó Buenos Aires apenas tomó conocimiento del desembarco. Recordó incluso que el funcionario decidió trasladar el tesoro del Virreinato —y también su fortuna personal— hacia Córdoba, dejando prácticamente indefensa a la ciudad.
Las escasas milicias locales, mal armadas y sin entrenamiento, poco pudieron hacer frente al avance británico, que logró ocupar Buenos Aires durante unos 45 días.
Belgrano, Liniers y la Reconquista
Durante la ocupación, los ingleses intentaron imponer la jura de fidelidad al rey Jorge III. Ahí apareció una de las figuras destacadas del relato. Fantín recordó que Manuel Belgrano se negó rotundamente a prestar juramento. “O el viejo rey o ninguno”, fue la frase con la que resumió aquella postura antes de marcharse hacia Montevideo.
Desde allí comenzó a organizarse la Reconquista junto a Santiago de Liniers, un militar francés al servicio de la Corona española que terminaría convirtiéndose en el gran protagonista de la recuperación de Buenos Aires.
El historiador defendió especialmente la figura de Liniers y consideró injusto el destino que tuvo años después. A su entender, por su actuación durante las invasiones y su lealtad, nunca debió haber sido fusilado tras la Revolución de Mayo. La Reconquista logró expulsar a las tropas británicas y puso fin a la primera invasión.
Manuel Belgrano se negó rotundamente a prestar juramento. “O el viejo rey o ninguno”, fue la frase con la que resumió aquella postura
La segunda invasión: una ciudad preparada para resistir
Lejos de abandonar sus aspiraciones comerciales sobre el Río de la Plata, Gran Bretaña regresó en 1807 con una fuerza muy superior. Esta vez desembarcaron más de 20 buques y cerca de 12.000 soldados al mando del general John Whitelocke.
Pero el escenario había cambiado. Buenos Aires ya no era una ciudad sorprendida. Liniers había reorganizado las defensas y la población participó activamente de la resistencia.
Las primeras escaramuzas comenzaron durante el avance desde Quilmes y el primer gran enfrentamiento se produjo en la actual Plaza Miserere. Luego, el combate se trasladó al interior de la ciudad, donde los vecinos levantaron barricadas, dispararon desde las azoteas y utilizaron todo tipo de objetos para frenar el avance británico.
Fue en ese momento en donde Fantín aprovechó para derribar uno de los mitos más repetidos por los manuales escolares.
El aceite era un producto extremadamente costoso para la época y que resultaba impensable que las familias porteñas desperdiciaran semejante recurso
El mito del aceite hirviendo
Una de las imágenes más instaladas sobre las Invasiones Inglesas es la de los vecinos tirando aceite hirviendo desde los techos. Para Fantín, esa escena nunca existió.
Explicó que el aceite era un producto extremadamente costoso para la época y que resultaba impensable que las familias porteñas desperdiciaran semejante recurso. Lo que realmente caía desde las azoteas, explicó, era agua hirviendo junto con piedras, ladrillos y cualquier elemento contundente disponible para frenar a los soldados británicos.
Las banderas inglesas que todavía permanecen en Argentina
Entre los datos menos conocidos de la historia, el profesor destacó el destino de las banderas capturadas durante las invasiones.
Recordó que en el convento de Santo Domingo, en Buenos Aires, aún se conservan cuatro banderas británicas obtenidas tras la derrota inglesa, mientras que el llamado “guion” —el pequeño estandarte que identificaba a cada regimiento— permanece exhibido en el Cabildo.
Dos de esas banderas pertenecían al célebre Regimiento 71 de Highlanders, integrado por soldados escoceses. Fantín contó una curiosidad que sorprendió al estudio: durante muchos años, ese regimiento británico tuvo prohibido desfilar con banderas porque las había perdido en combate justamente en Buenos Aires.
Martina Céspedes y una historia poco conocida
La segunda invasión también dejó lugar para una anécdota que suele pasar desapercibida en los libros. Fantín recordó la historia de Martina Céspedes, una mujer que administraba un pequeño despacho de bebidas junto a sus hijas.
Doce soldados ingleses ingresaron al lugar atraídos por el alcohol y la presencia de las mujeres. Aprovechando la situación, Martina y su familia lograron capturarlos uno por uno. Según contó el profesor, once fueron entregados como prisioneros, mientras que el restante terminó casándose con una de sus hijas y se convirtió en su yerno.
Por esa acción, Martina Céspedes recibió posteriormente grado militar y una pensión.
Inglaterra también estuvo en Ushuaia
En el tramo final de la clase llegó uno de los datos más llamativos. Aldo Fantín preguntó cuál había sido el único territorio continental argentino —además de las Islas Malvinas— donde flameó durante años la bandera británica.
La respuesta fue Ushuaia.
Explicó que en 1868 el presbítero inglés Waite Hockin Stirling instaló ahí una misión religiosa e izó la bandera británica, que permaneció hasta 1884.
La situación cambió cuando el comodoro Augusto Lasserre llegó por orden del presidente Julio Argentino Roca, arrió la bandera inglesa, izó la argentina y fundó oficialmente la ciudad de Ushuaia.
Un partido cargado de historia, pero distinto de la guerra
La charla concluyó con una reflexión que terminó sintetizando el espíritu de toda la sección.
Fantín insistió en que la rivalidad futbolística entre Argentina e Inglaterra tiene raíces profundas, alimentadas por episodios como el Mundial de México 1986, pero remarcó que no debe confundirse con los conflictos bélicos ni con el reclamo permanente por la soberanía de las Islas Malvinas.
Así, en la víspera de una semifinal mundialista que inevitablemente volverá a despertar emociones de ambos lados del Atlántico, el espacio “Río de Historias” ofreció algo más que una clase sobre las Invasiones Inglesas: propuso comprender cómo distintos episodios —la ocupación británica de Buenos Aires, la defensa popular, Malvinas y el histórico duelo futbolístico— forman parte de una memoria colectiva que sigue vigente, aunque cada uno pertenezca a un plano diferente de la historia argentina.
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